El discípulo pregunta: “¿Adónde vamos, maestro?”
El maestro responde: “Ya estamos”.
Publicadas por
Unknown
a la/s
08:52
0
comentarios
Etiquetas: Anónimo Zen, Cuento

Después de la 2ª Guerra Mundial, un joven piloto inglés probaba un frágil avión monomotor en una peligrosa aventura alrededor del mundo.
Poco después de despegar de uno de los pequeños e improvisados aeródromos de la India, oyó un ruido extraño que venía de detrás de su asiento y se dió cuenta que había una rata a bordo y que si roía la cobertura de lona, podía destruir su frágil avión.
Podía volver al aeropuerto para librarse de su incómodo, peligroso e inesperado pasajero. De repente recordó que las ratas no resisten las grandes alturas.
Volando cada vez más alto, poco a poco cesaron los ruidos que ponían en peligro su viaje.
MORALEJA:
Si amenazan destruirte por envidia, calumnia o maledicencia,
VUELA MÁS ALTO!!
Si te criticaran,
VUELA MÁS ALTO!!!
Si te hicieran alguna injusticia, o defraudaran tu fé...
VUELA MÁS, MÁS... ALTO!!!!!!!
ACUÉRDATE SIEMPRE QUE LAS ratas NO RESISTEN LAS GRANDES ALTURAS...
Publicadas por
Unknown
a la/s
09:22
2
comentarios
Etiquetas: Cuento

Un hombre preocupado, va donde su maestro a pedir ayuda. Este le dice que está ocupado, que si le ayuda a resolver primero su problema, mas rápido le ayudará con el suyo. El tipo dice que bueno.
- Ve al mercado y vende estas monedas. No aceptes menos de dos denarios por ellas.
En el mecado varios le dicen que, a lo más, dan un denario. El hombre vuelve desazonado donde el maestro, y este le dice:
- Ahora ve al joyero. Ve cuánto te da pero no se las vendas.
El joyero le dice que ahora no le puede dar más de 70 denarios, pero si le deja las monedas, las pódría vender hasta en 90.
El hombre, sorprendido, vuelve donde el maestro. Este sonríe.
- Tú eres como estas monedas. Solo los joyeros saben de su valor real.
Publicadas por
Unknown
a la/s
12:34
1 comentarios

Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.
Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo.
Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos.
Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos.
Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.
Lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue subir la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar.
El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo.
Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso.
El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos.
Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.
Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, con certeza ésta sería la respuesta: «No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así».
Publicadas por
Unknown
a la/s
11:55
4
comentarios
El maestro del templo de Kennín era Mokuraí, "Trueno Silencioso". Tenía un pequeño protegido, llamado Toyó, de sólo doce años. Toyó veía a los discípulos mayores visitar al maestro en su aposento a la mañana y a la tarde para recibir el sazén, o instrucción de guía personal, en que se les daba un koan para detener el vagabundeo de la mente.
Toyó quiso también hacer sazén.
-Espera un poco -le dijo Mokuraí- ; eres demasiado joven.
Pero el muchacho insistía, de modo que el maestro finalmente consintió.
Al atardecer, el pequeño Toyó acudió, en el momento debido, al umbral del recinto donde Mokuraí impartía el sazén. Batió el gong para anunciar su presencia, hizo tres reverencias respetuosas antes de entrar, y fue a sentarse ante el maestro en respetuoso silencio.
-Cuando bates palmas -dijo Mokuraí- oyes el sonido de ambas manos. Ahora enséñame el sonido de una mano.
Toyó se inclinó y fue a su habitación para considerar el problema. Desde su ventana oía música de geishas. -¡Ah, ya lo tengo! -exclamó.
Al atardecer siguiente, cuando el maestro le pidió que le enseñara el sonido de una mano, Toyó empezó a ejecutar esa música.
-No, no -dijo Mokuraí-. Así no va. Ese no es el sonido de una mano. No lo has entendido para nada.
Estimando que la música podía interrumpir sus meditaciones, Toyó se trasladó a una habitación más tranquila. Se puso de nuevo a meditar: -¿Cuál puede ser el sonido de una mano?
De pronto oyó agua que goteaba. -Yo lo tengo- se imaginó. La próxima vez que compareció ante el maestro, Toyó imitó el sonido de agua que gotea.
-¿Eso qué es? -preguntó Mokuraí- Es el sonido de una gota de agua, pero no el de una mano. Intenta otra vez.
En vano Toyó persistió en meditar para oír el sonido de una mano. Oyó el suspiro del viento. Pero también este sonido le fue rechazado.
Oyó el chillido de un búho. Mismo rechazo.
El sonido de una mano tampoco era el de las langostas.
Más de diez veces Toyó visitó a Mokuraí con diferentes sonidos. Ninguno era el acertado. Durante casi un año caviló sobre cuál podía ser el sonido de una mano sola.
Por último, el pequeño Toyó entró en la verdadera meditación y trascendió todo sonido.
-Ya no podía encontrar más qué juntar - explicó más tarde-, de modo que alcancé el sonido insonoro.
Así había realizado Toyó el sonido de una mano.
Publicadas por
Unknown
a la/s
20:18
3
comentarios
Etiquetas: Cuento

El maestro dijo al discípulo: - «Existen cuatro tipos de personas:
El justo que habla: "Lo que es mío es mío; lo tuyo, tuyo".
El enamorado que exclama: "Lo que es mío es tuyo; lo tuyo es mío".
El egoísta que piensa: "Lo tuyo es mío; lo mío es mío".
El santo que actúa: "Lo que es mío es tuyo; lo tuyo, es tuyo"».
( Anónimo judío)
Publicadas por
Unknown
a la/s
09:19
2
comentarios
Etiquetas: Anónimo Judío, Cuento

Hubo una vez una reina que dijo a los sabios de la corte:
-Me estoy fabricando un precioso anillo
-He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperacion total y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que pudieran ayudarla en momentos de desesperación total. Pensaron buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. La reina tenía una anciana sirviente que también había sido sirviente de su madre. La madre de la reina murió pronto y esta sirviente cuidó de ella, por tanto, la trataba como si fuera de la familia. La reina sentía un inmenso respeto por la anciana, de modo que también la consultó. Y ésta le dijo: No soy una sabia, ni una erudita, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente y en una ocasión me encontre con un sacerdote. Era invitado de tu Madre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje, la anciana lo escribió en un diminuto papel, lo doblo y se lo dio a la reina diciéndo: "Pero no lo leas le dijo, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situacion."
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y la reina perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos la perseguían... Estaba sola y los que la perseguian eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa no había salida enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia adelante y no había ningún otro camino. De repente,se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía... "ESTO TAMBIÉN PASARÁ". Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre ella un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. La reina se sentía profundamente agradecida a la sirviente y al mistico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victoriosa en la capital. Hubo una gran celebración con música, bailes y ella se sentía muy orgullosa de sí misma. La anciana estaba a su lado en el carro y le dijo: Este momento también es adecuado, vuelve a mirar el mensaje. ¿Qué quieres decir? preguntó la reina... Ahora estoy victoriosa , la gente celebra mi vuelta... no estoy desesperada, no me encuentro en una situación sin salida. Escucha, dijo la anciana: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotada; también es para cuando te sientes victoriosa. No es sólo para cuando eres la última; también es para cuando eres la primeraLa reina abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará" y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido.
La reina pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces la anciana le dijo:
-RECUERDA QUE TODO PASA.
Ninguna cosa, ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
"GRÁBATELO BIEN EN TU CABEZA Y EN TU CORAZÓN"
Publicadas por
Unknown
a la/s
09:15
2
comentarios
Etiquetas: Cuento

Cuentan que cierto día en un monasterio Zen-Budista, los monjes se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto.El Gran Maestro convocó a todos los disci'pulos para determinar quien seria el nuevo centinela. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo:- Asumira el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar.Entonces, coloco una preciosa mesita de finas maderas en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos, y encima de esta coloco un jarron de porcelana con un diseño de exquisito gusto y refinamiento, con varias rosas amarillas de extraordinaria belleza en el. Y dijo así:- ¡Aqui esta' el problema! –señalando directamente al precioso jarron.
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarron de extremo valor y belleza, con maravillosas flores en su interior.¿Que representaria? ¿Que hacer? ¿Cual era el enigma encerrado detras de todo esto? ¿Donde estaba el problema?En ese instante, uno de los discipulos saco una espada, miro al Gran Maestro y a todos sus compañeros, se dirigio al centro de la sala y... ¡zas! Blandiendo la espada, destruyo todo de un solo golpe.La escena fue impresionante.Tan pronto el discipulo retorno a su lugar, el Gran Maestro dijo con voz contundente:- Usted sera el nuevo Guardian del monasterio.
Publicadas por
Anónimo
a la/s
22:03
4
comentarios
Etiquetas: Cuento

Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo.
Llegaron a una aldea caminando junto al asno y, al pasar por ella, un grupo de mozalbetes se rió de ellos, gritando:
-¡Mirad qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro.
Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al pasar por el mismo, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Dijeron:
-¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y pobre niño caminando.
Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos.
Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando las gentes los vieron, exclamaron escandalizados:
-¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Han visto algo semejante? El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.
-¡Qué vergüenza!
Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre sus lomos. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar:
-¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tienen corazón? ¡Van a reventar al pobre animal!
El anciano y el niño optaron por cargar al burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando:
-Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos!
De repente, el burro se revolvió, se precipitó en un barranco y murió.
(cuento hindú)
Publicadas por
Anónimo
a la/s
12:51
2
comentarios
Etiquetas: Anónimo Hindú, Cuento

Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.
Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.
El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.
Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:
-Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.
-¿De que estás hablando? ¿Qué está prohibido? -le dijo el otro.
-¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado.
El otro monje se rió y luego dijo:
-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando...
(cuento chino)
Publicadas por
Anónimo
a la/s
12:05
0
comentarios
Etiquetas: Anónimo Chino, Cuento

Hubo una vez un Rey que ofreció una gran suma de dinero a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas, atraídos por el reclamo de la espléndida recompensa, lo intentaron. El Rey admiró y observó todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas. La primera era un lago muy tranquilo. Era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron la pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta. La segunda pintura también tenía montañas, pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual brotaba un impetuoso aguacero que descargaba rayos y truenos. Montaña abajo, aparecía el retumbar de un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico. Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Y allí, en el rugir de la violenta caída de agua, en medio de aquel nido, estaba sentado plácidamente un pajarito... Paz perfecta. El Rey escogió la segunda. Y cuando sus súbditos le preguntaron acerca de su decisión, les desveló el porqué: -Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro ni dolor. Paz significa que a pesar de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Creo que este es el verdadero significado de la paz. Cuando encontremos la paz en nuestro interior, tendremos equilibrio en la vida.
Publicadas por
Anónimo
a la/s
21:32
1 comentarios
Etiquetas: Cuento

Había una vez un anciano que pasaba los días pescando, sentado junto al rio, a la entrada de un pueblo. Un día pasó por allí un joven, se acercó y le dijo:
- Disculpe señor, soy nuevo aquí, nunca antes había venido por estos lugares. ¿Cómo es la gente de esta ciudad?
El anciano le respondió con otra pregunta:
-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Egoístas y malvados, por eso estoy contento de haberme marchado de allí.
- Pues precisamente así son los habitantes de esta ciudad -le respondió el anciano.
Un poco después, pasó otro joven, se acercó al anciano y le expuso la misma cuestión:
-Perdone, justamente acabo de mudarme y es la primera vez que voy a entrar en esta ciudad, ¿podría decirme cómo son sus habitantes?
El anciano le respondió de nuevo con la misma pregunta:
-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Eran buenos y generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.
-Pues también los habitantes de esta ciudad son así -respondió el anciano.
Un hombre que había llevado a sus animales a beber agua al rio y que había escuchado ambas conversaciones, en cuanto el segundo joven se alejó le preguntó al anciano:
-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta realizada por dos personas?
-Mira -respondió el anciano-, es muy sencillo. Cada persona lleva el Universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también aquí encontrará amigos fieles y leales. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas. Uno siempre encuentra lo que espera encontrar.
Publicadas por
Anónimo
a la/s
21:14
0
comentarios
Etiquetas: Cuento